Atención, Gurú.

Formase como profesional puede tener dos vertientes. Una, que lo hagas por “amor al arte”, que tengas lo que comúnmente se denomina vocación y quieras ser un profesional completo, que atienda a su profesión de manera holística y sincera, dando lo mejor de ti y de tu disciplina. Otra que lo hagas por negocio, por la pasta, por el interés te quiero Andrés. Creo que estoy en esa etapa de la vida en la que me doy cuenta que estos dos tipos de profesionales están también en la educación. Sí, también hay gente que busca la pasta y las vacaciones y le importa bien poco que sus alumnos aprendan y se formen como personas íntegras.

En el momento en el que alguien de mi familia, que conoce bien mi pasión por el mundo de la enseñanza me remite uno de eso vídeos tan chulos, con entrevistas a alguien muy importante del ámbito educativo y escucho sus mensajes sobre cómo mejorar la educación haciendo tal cosa o tal otra… y veo que este vídeo lo patrocina un banco… (¡un banco!) Me planteo si hay consciencia generalizada sobre los derroteros que está tomando la educación en nuestro país.

¿En qué momento el “negocio educativo” es una realidad? ¿Alguien ha pensado las consecuencias de hacer de la educación un negocio? Se habla de clientes, de coaches, de empresas, de tecnología, de clientes, de CEOs, de gurús…

Y es que ayer justo hablaba con una conocida sobre mi investigación, estoy preparando un artículo y le comentaba lo cuidadosa que soy a la hora de citar las fuentes y seleccionar la información para transmitir lo más relevante sin que sea un peñazo leerlo, despojándolo de tecnicismos pero dejando patente que no es charlatanería. Ella me sugirió que diera “recetas” para que los profesores las apliquen en el aula, que sería un éxito. Le conté que mi objetivo es evitar justo eso, que mi función es transmitir a los profes lo importante que es el entorno de la clase y cómo podemos observar bien a nuestros alumnos para adecuar la atmósfera del aula a las necesidades de cada momento. “Ana, dales recetas, que la gente lo último que quiere es pensar”. Pensar es justo lo que quiero que hagan, es la única vía para el cambio, así que por mi parte se quedan sin recetas. Sorry.

Lo que me estaba sugiriendo era que hiciera de gurú, de mentora, de portadora de la varita mágica que aporta soluciones a los problemas del aula con una lista de consejos para que todo funcionase mejor. Pues no lo voy a hacer… porque eso sería engañar a mis compañeros docentes.

Pero os confieso que estuve a punto de hacerlo cuando trabajé en una conocida empresa de innovación educativa, formaba a profesores de universidad sobre cómo implantar metodologías activas y sistemas de evaluación, pero como ya lo había hecho cuando trabajé en Estados Unidos me sentía cómoda impartiendo esas formaciones. En el momento en el que me planteé formar a profesores de secundaria y vi que no tenía experiencia en las aulas pensé que no podía engañarme a mí misma; que sin tener un conocimiento en mi propia piel de lo que sucede en el aula ¿con qué cara le voy a recomendar H, J o K a un docente?

Ahora me pregunto, todos estos gurús; ¿descansan? ¿sabiendo que están dando consejos y recomendando cómo actuar a un grupo de docentes, sin conocer de primera mano por lo que están pasando?

Hay una cuenta de twitter, que recomiendo muy mucho, que saca a relucir lo peligroso de esta nueva vía que se ha abierto en la educación. La vía de actuar sin criterio, de aplicar verdades absolutas (como acabar con los deberes, de las inteligencias múltiples, de la fiebre por la creatividad, etc) o de copiar modelos que no tienen evidencia científica como si fueran las grandes recetas para el cambio educativo. Wrong my friend, ya lo dice Javier:

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Todavía no ha hablado de espacios de aprendizaje, pero estoy deseando ver el día que descubra que uno de los arquitectos que más colegios está reformando hoy en día viene de un pasado en el que dio forma a la imagen de una conocida cadena de peluquerías cuya decoración bien podría hacer cortocircuitar tu sensibilidad somato-sensorial por su cantidad de neones, espejos y nivel de reverberación que tiene.

Esta misma conocida me preguntó también por qué estudié neurociencia, y le dije que, desde mi punto de vista, a veces parece que hacemos cosas que no llevan a ningún sitio pero que realmente nos llevan hasta nosotros. Esta es mi filosofía de vida y la que intento pasarle a mis alumnos.

Espero que esta fiebre por lo educativo se pase y quedemos aquellos que sentimos amor por construir un mundo mejor a través de la educación, implantando cambios con paso firme y no a la ligera. Y que el negocio se vaya a otro sitio, que vuelva por ejemplo a hacer peluquerías y deje los colegios tranquilos.

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