Lo que somos por dentro lo somos por fuera. O por qué deberíamos estudiar el SN

¿Has pasado alguna tarde en la playa? ¿Te has parado a pensar por qué el ruido de las olas no te cansa? Es un ruido constante, como el de un montón de gente hablando en un estadio, o como el de las agujas de un reloj… pero sin embargo, a nuestro sistema auditivo no parece molestarle, nos atrevemos a decir que da hasta paz. ¿Pasa lo mismo con algunos estímulos visuales? ¿o con determinados estímulos hápticos?

Nuestro cuerpo hace de puente entre los estímulos que nos rodean y la realidad que construimos, esta traducción estímulo-sensación la lleva a cabo el Sistema Nervioso. Y es que es gracias al SN que, desde que nacemos, comenzamos a desarrollar la habilidad de crear un mundo tangible.

Pero ¿cómo es posible que aquellos que nos dedicamos a construir un mundo tangible (tal y como hace el SN) no tomemos como base su funcionamiento? ¿Por qué, entonces, hemos decidido lanzarnos a proyectar espacios sin tener una base sólida sobre cómo percibimos?

SistemaNerviosoExposiciónBodies.jpg

Claramente la mayoría de seres humanos gozamos de la capacidad de tener experiencias, memoria, recuerdos, capacidad crítica… Eso nos permite realizar proyectos que funcionarán a nivel sensorial, el problema es que no siempre sabemos por qué.

A través del SN construimos la realidad, que va variando a medida que navegamos por el mundo, a medida que vamos percibiendo sensaciones. Ahora entendemos que el entorno en el que estamos inmersos nos modela.

Si hace mucho sol, nos quema la piel y nos tenemos que mover. Si tenemos la música del coche muy alta con nuestra canción favorita no podemos concentrarnos en aparcar. Si es la primera vez que enebro una aguja no podré atender a tus palabras… Si percibiéramos todo el mundo sería un barullo de sensaciones. Funcionalmente, nuestro cerebro discrimina con qué estímulos se queda y cuáles deshecha.

Cuando leo sobre el funcionamiento del SN me gusta pensar en sus diferentes etapas de maduración, al igual que crecemos por fuera crecemos por dentro. Nuestro estomago se hace más grande, los pulmones almacenan más aire… Poco a poco vamos tomando conciencia de qué elementos existen a nuestro alrededor y de qué manera podemos interactuar con ellos (en el futuro hablaremos de las affordances de Gibson aplicadas a la educación).

Llegados este punto, en el que queda claro que es gracias a Sistema Nervioso que nuestro mundo no es un cúmulo de sensaciones aisladas sino que cobra sentido cuando ha pasado por el filtro de la experiencia corporal, merece la pena que ahondemos en su funcionamiento, ¿no crees?

Será de gran utilidad conocer porqué un niño de 4 meses no sabe que sus pies son suyos, y por eso se los toca y retoca (¡comienza a sentirlos!), o esa etapa en la que se llevan todo a la boca, (el gusto está mucho más desarrollado que el tacto o la vista), o por qué una persona con Alzheimer no puede utilizar algunos utensilios de cocina (tiene su forma disociada de su función), o por qué nuestro hijo con espectro autista disfruta tanto de determinados sonidos cuando no puede soportar otros (sus caminitos neuronales van por orografías nerviosas diferentes a las de quienes no están dentro de este espectro).

Cada persona es un mundo, ya sabéis, pero no podemos conocer cada mundo al completo. Lo que sí podemos empezar a hacer es conocer las leyes que rigen el universo de las percepciones y eso, queridos, es lo que me gustará compartir con vosotros en este blog.

 

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