El cambio educativo empieza en uno mismo

“Los centros educativos tienen que reformarse” o “El equipo directivo tiene que poner medios para que los docentes puedan formarse” o “Hay que cambiar las leyes educativas” son algunas de las frases que escucho con más frecuencia cuando hablo sobre educación con mis colegas.

Todos estos cambios, en mayor o menor medida, comienzan a darse en el panorama nacional, pero… ¿dónde está el verdadero cambio? la semilla que hace brotar estos cambios está nada menos que en nosotros mismos.

Si estás leyendo este blog es muy probable que, en su día, recibieras una educación primaria, secundaria… muy probablemente cursaras bachillerato (o COU), y a ello le procediera una formación profesional o/y una carrera universitaria (quizá también un Máster… o incluso dos!), además de cursos online. Por no hablar de que habrás asistido a charlas, conferencias… incluso desde casa, seguro que alguna Charla TED has visto (aunque sea un fragmento de una de ellas…)

Párate a pensar… ¿cómo ha evolucionado la manera que tenías de comunicarte con tu entorno cuando estudiabas con 7 años con respecto a cómo se comunican las personas de 7 años del 2018? No sólo suceden las frases que he nombrado al principio sino que, nosotros, los docentes, tenemos que aprender a comunicarnos de acuerdo a estos nuevos parámetros siglo veintiunistas para contextualizar lo que estamos enseñando a nuestros alumnos.

Nuevas metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), el Aprendizaje Basado en Retos (ABR), las Inteligencias Múltiples, la Pedagogía Híbrida (o Blended Learning)… Modelos educativos como el SAMR, Marcos como el TPACK… La gamificación aplicada al trabajo en cooperativo, y las muchísimas maneras de evaluar la maduración intelectual de nuestros alumnos a lo largo del curso académico, son algunas de las herramientas que todo profesor del SXXI debe conocer al dedillo si quiere que sus alumnos entren en la onda con lo que sucede en clase.

Otra formación de los docentes siglo ventiunistas, igualmente de importante pero menos apoyada en la metodología pedagógica y que no goza de tantas y tan variadas nomenclaturas (creo que por la escasa atención que se le ha prestando entre los profesionales), es la referida a cómo estos alumnos perciben e interactúan con el espacio que les rodea. La neuroarquitectura. Hoy en día la interacción, el vivir las cosas en primera persona, la inmediatez, y ese toque que con una buena amiga llamamos “la vena millenial” (lo quiero todo ya) se traducen en la necesidad de unos espacios flexibles, con una variedad de atmósferas graduables que satisfagan las necesidades perceptivas de los alumnos… ¡y de los docentes! Que no sólo se ajusten a los requerimientos pedagógicos, sino a lo desconocido. Hoy es la moda aprender en cooperativo, pero ¿quién sabe cómo será en 2 años? a la velocidad que cambian las cosas… no aconsejaría hacer algo que no se pueda deshacer.

Estamos en el siglo de lo efímero, lo ligero, lo experiencial. Donde priman la emoción y esas pequeñas semillas que plantamos en nosotros mismos y en las personas que nos rodean. Empezamos el cambio en un mismo.

Rivalidad Binocular.jpg

Alumnos del Máster en Diseño de Interiores de IED realizando una experiencia perceptiva. ©Ana Mombiedro

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